4:03 pm -Evan-
Se dispuso a buscar entre sus hojas a su preciado retrato en carboncillo, pero no logro ubicarlo. Desconcertado y confundido trato de hacer memoria para recordar donde lo dejo desolado sin gracia, pero no llego a nada, solo recordaba sus palabras de aliento mientras corría, recordaba ciertos colores que pasaban sobre el como estelas dentro de un túnel de neón, recordaba el hormigueo en su cara como cuando andas en motocicleta y el aire duerme tus cachetes, pero nada mas, su niño artista lo guió de nuevo, su mundo de fantasía lo abordo, y por un momento, le encanto saber que podía experimentar, siendo el mismo.
Sin mas que hacer, sino tratar de encontrarla sin ningún tipo de referencia, mas que solo el recuerdo de sus trazos al momento de crearla, se dispuso a recorrer el ámbito que lo rodeaba. Escucho a lo lejos una mezcla de raros sonidos, una voz chillona se enlazaba con otra que parecía replica de alguna opera victoriana, sin mucho que pensar busco de donde provenía, lo que resulto ser un café muy tranquilo, con atmósfera un poco bohemia pero vanguardista, con sus llamativos muebles color rojo intenso contrarestando con las paredes blancas, que lo emocionaron ya que parecían lienzos recién enmarcados, llamando a las personas para que vomitaran su creatividad sobre las mismas. Sintió que ese lugar tenia mucho que ver con el, y extrañamente le encontraría utilidad, encontraría una forma de usarlo para beneficio propio, para lograr sus objetivos.
3: 56 -Isabella-
Subió las escaleras hacia su habitación, un cómodo apartamento de un ambiente, con mucha luz, y plantas en las ventanas, el único detalle es que estas plantas estaban marchitas, así como los habito diarios de Isabella, a lo lejos se divisa una habitación con paredes finamente pintadas de beige, un color conservador y concreto, que no deja nada a la imaginacion. Al fondo del pasillo esta aquel espejo de cuerpo completo, tapado con una manta, gracias al gran desprecio que ella tiene sobre su propia imagen.
Isabella caminando por acto reflejo entra con el dibujo en fino carbón en la mano derecha, lo sigue mirando cuidadosamente, preguntándose porque se siente tan identificada con aquel pedaso de papel.
La mujer que Isabella mira tan detalladamente, esta parcialmente desnuda, la cubre una fina manta de una tela casi trasparente que se posa sobre uno de sus pechos y cae como agua sobre un manantial en las piernas de aquella mujer, que se encuentra delicadamente recostada sobre una pared que asemeja a una lamina de hielo penetrada por rayos de calor provinientes de una pequeña ventana por la cual, mira con gran paz y serenidad en sus ojos, como si afuera se encontrara aquel hombre que la ama incondicionalmente, invitándolo picaramente a su recinto.
Isabella invadida por la atmósfera artística, decide despojarse de su ropa y simular a la chica de carboncillo, toma la manta que tapa el espejo de cuerpo completo, y se lo coloca delicadamente en su pecho, rozando así sus muslos, sintió un gran placer, dio la vuelta y se miro en el espejo, miro su cuerpo, sus curvas, sus piernas, su cabello, sus labios rojos , sus ojos, y se siento feliz, se siento en paz, serena, y entendió la expresión de la chica de carboncillo, finalmente miro sus ojos, y se dio cuenta que estaba en lo cierto, los ojos de la chica era exactamente iguales a los de ella, una energía que nunca siento la invadió de pies a cabeza, haciendo que gritara de placer, por consiguiente se recostó sobre el frío espejo de cuerpo completo, erizando su piel, pero el calor del sol otoñal la estabilizo y así miro por la ventana, y desgraciadamente no encontró nada, se sintió vacía, pero tranquila, porque se dio cuanta gracias a aquel papel, que alguien la estaba buscando, mucho antes de que ella se diera cuenta.
(continua...)
